miércoles, 2 de diciembre de 2015

Las calles de Bangui, donde la población ha circulado con miedo desde hace dos meses, desbordaron esta mañana con la alegría de cientos de miles de personas que aplaudían felices al Papa a lo largo de todo el trayecto desde el aeropuerto al centro de la ciudad.
Debido a que los primeros cuatro kilómetros en el extrarradio son muy polvorientos -sobre todo cuando la caravana levanta un polvo rojizo que se pega a todo-, Francisco los recorrió en un pequeño automóvil. Pero después subió al «papamóvil» descubierto para recorrer los cinco restantes.
Quienes le veían podían sentirse privilegiados, pues casi un millón de personas –la quinta parte de la población de la República Centroafricana(RCA)- viven como refugiados debido a la violencia interna. Algo más de la mitad son musulmanes que escapan de la violencia de la milicia anti-Balaka. El resto son cristianos que han huido de la milicia Seleka.
A su llegada al aeropuerto, el Papa pudo ver el poblado de tiendas miserables donde viven o vienen a dormir cada noche unas 25.000 personas de Bangui, para estar protegidas por los soldados franceses.
En los últimos dos meses, entre las dos milicias han asesinado a casi un centenar de personas desarmadas en la capital, y han incendiado más de trescientas casas en rachas de violencia errática e imprevisible.
REUTERS
Este domingo de sol radiante es el primer día defiesta en la República Centroafricana desde que el desastre de la violencia se abatió sobre el país hace dos años. Están no solo contentos, sino orgullosos, pues el Papa inaugurará esta tarde en la catedral el Año Santo de la Misericordia, adelantándolo en la RCA respecto a la apertura de la puerta santa en Roma el próximo 8 de diciembre para el resto del mundo.
Francisco ha venido a verles, incluso contra la voluntad del gobierno francés, que consideraba imposible mantener su seguridad en este país destrozado. Y le están recibiendo como a un héroe.
La presencia de blindados de Naciones Unidas y de «cascos azules» cada pocos metros era muy llamativa, pero lo que más impresionaba a la comitivaen todo el trayecto desde el aeropuerto al palacio presidencial era la alegría de los ciudadanos, muchos de ellos con sus mejores trajes y vestidos, a ambos lados de la carreta.
En su entusiasmo, los centroafricanos aplaudían y vitoreaban incluso a las primeras furgonetas de la comitiva, las de los periodistas que acompañan al Papa. Fueron kilómetros y kilómetros de responder a saludos para agradecer la bienvenida. En algunos momentos, el vocerío era casi más fuerte que el de los estadios. El agitar de banderas alegraba todavía más la escena.
En su discurso, pronunciado ante la Jefe del Estado de Transición, Catherine Samba Panza, antigua alcaldesa de Bangui y la primera mujer que ocupa la presidencia, el Papa Francisco pidió «la búsqueda de la paz y lareconciliación».
IGNACIO ANDRADE

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